El derecho a la ciudad (post-coronavirus)

Para los menores de 40 años es difícil imaginar una época en la que las personas no querían vivir en ciudades. Cuando el precio de las vivienda y los alquileres no aumentaban implacablemente. Cuando las ciudades no eran un centro de cultura e innovación con un sistema de transporte público que evolucionaba continuamente, absorbiendo a recién licenciados, estudiantes, inversores y turistas.

Pero para muchos habitantes de ciudades europeas, esto se ha vuelto un problema. La organización de la presión demográfica por parte de las fuerzas del mercado, junto a un regulación poco estricta y una inversión sumamente especulativa, ha hecho que las personas más pobres se las empujara hacia un rincón de sus barrios o incluso fuesen expulsadas fuera de la ciudad. Para aquellos directamente afectados y los que podrían llegar a estarlo, las ciudades tienen dificultades a la hora de ofrecer un lugar que se pueda parecer a un hogar.

El activismo Right to the City (por el derecho a la ciudad) es la respuesta a este desplazamiento de la vivienda y el espacios público, y el contexto de este proyecto. En Sevilla, ZEMOS98 apoya a los activistas abordando el impacto desestabilizante del turismo en la vida urbana. En Marsella, Les Tetes de l’Art apoya a jóvenes activistas preocupados por que las viviendas en ruinas sirvan como pretexto para vender gran parte del centro de la ciudad. En Zagreb, Kurziv está trabajando con jóvenes periodistas preocupados por la falta de rendición de cuentas en las decisiones importantes. En Varsovia, Krytyka Polityczna trata de solucionar cómo descarbonizar la economía sin añadir procesos de desplazamiento urbano. Y en Botkyrka, en las afueras de Estocolmo, Fanzingo busca cómo abordar la exclusión de diferentes colectivos de los espacios públicos.

Un desafío central para cada uno de estos colectivos es cómo sacar a luz estos procesos de desplazamiento que se dan de forma lenta, sutil y oculta. Por este motivo, cada grupo está haciendo de los medios de comunicación y la creación de contenido el centro de su estrategia. A esto lo denominamos mediactivism, o activismo mediático. 

Cuando comenzamos este proyecto, los problemas de desplazamiento en las ciudades parecían que se movían al centro de la ciudad y de la política nacional. Durante los últimos cinco años, los líderes de las ciudades han mostrado bastante interés en el caso de Barcelona, donde la administración de Ada Colau ha adoptado políticas para reducir el impacto del turismo en la ciudad. En febrero, Sinn Fein ganó las elecciones en Irlanda con la promesa de incrementar notablemente la vivienda social y apoyar a los arrendatarios privados (que viven principalmente en ciudades). A comienzos de este año, el gobierno de la ciudad de Berlín aprobó una ley que ha congelado el precio de los alquileres en la ciudad durante cinco años. En Londres, la administración de la ciudad ha estado experimentando con «zonas empresariales creativas» que tienen como objetivo proteger a los artistas y a las organizaciones creativas creando espacios de trabajo accesibles. 

Pero ahora, por supuesto, todo ha cambiado. Parecía que nada podía alterar el curso de las ciudades, pero el triple impacto de: (a) el propio virus, (b) las medidas tomadas para hacerle frente y (c) las consecuencias económicas, cambiarán, a corto plazo, la experiencia de la vida en las ciudades. Michael Kimmelman, el crítico de arquitectura del New York Times diagnosticó el problema con una simplicidad aplastante: «las pandemias son antiurbanas, se apoderan de nuestro deseo por la conexión humana».

Aunque para nosotros, la pregunta es: ¿qué efectos puede tener esta fuerza antiurbana en aquellos que luchan por el derecho a la ciudad? Aquí hablaremos de tres de ellas.

Un tiempo para cuidar

Cuando los políticos nos dicen que «estamos juntos en esto», pocas veces es cierto, pero algunos aspectos de las medidas del covid-19 han nivelado temporalmente algunos desbalances. Todo el mundo sabe qué se siente al ser excluido del espacio público, deberíamos tener más empatía con los jóvenes, las personas discapacitadas y los grupos que tienen más probabilidad de ser el blanco de la policía. Y aunque esto parezca inverosímil, todo el mundo sabe quién desempeña la labor esencial en estos momentos, independientemente de lo mal pagado que esté. Puede que no «estemos juntos en esto» de la misma forma, pero en algunos casos sí que lo estamos más que antes.

En momentos de convulsión como este, las personas con frecuencia y rapidez citan la frase de Churchill sobre cómo no desperdiciar una buena crisis. Pero quizá lo que no se debe desperdiciar es el deseo de las personas de preocuparse las unas por las otras. Podemos dejar la crisis en manos de Blackstone, el banco de inversión de origen norteamericano. Al igual que la respuesta emocional del 11-S creó una oportunidad para los políticos para dar una respuesta agresiva, parece que la respuesta emocional colectiva a este covid-19 está creando la oportunidad para que ellos cuiden. 

En Gran Bretaña, la Royal Society of Arts hizo una encuesta que exponía que «solo el 9% de los británicos quieren que la vida vuelva a la normalidad». Quizá, dándose cuenta de la oportunidad, en Edimburgo, la red ciudadana CTZN, preocupada por la gentrificación, la gran cantidad de turismo y los problemas de espacio público, apelan los ciudadanos para que escriban un manifiesto para su futuro. Existen versiones de esta forma de pensar en muchos más lugares. Ámsterdam ha anunciado un plan para implementar el modelo del «donut» de desarrollo sostenible como punto de partida de todas las decisiones políticas. Los activistas por la renta básica tanto locales y cómo nacionales están expectantes gracias a la noticia de que España está a punto de introducir una versión (muy limitada) esta medida.

Un argumento más claro por el espacio público

Para los activistas de Right to the City el espacio público es una preocupación central. A medida que los países europeos reduzcan las restricciones, parece que las administraciones municipales nos animarán a pasar más tiempo en la calle, donde será más difícil que se transmita el virus. Esto cambiará la naturaleza de las calles y los espacios públicos. París ha anunciado planes para crear 650 kilómetros de carril bici, Milán quiere peatonalizar 35 kilómetros de calles, Barcelona está ampliando las zonas peatonales, mientras que el alcalde de Vilna ha anunciado la intención de convertir la ciudad en la primera «ciudad de exterior» de Europa y ha eliminado las tasas que tenían que pagar los dueños de las cafeterías que querían colocar sillas y mesas en la calle.

A corto plazo, esto parece una forma de resolver lo que Jack Shenker, escritor del periódico británico The Guardian, denomina como «la tensión aparente entre la densificación, el empujón para que las ciudades se vuelvan más concentradas, lo que se percibe como esencial para mejorar la sostenibilidad medioambiental; y la disgregación, la separación de las poblaciones, lo cual es una de las herramientas que se utilizan actualmente para contener la transmisión de la infección».

Una lectura pesimista de esto llevaría a ver el coronavirus como una apropiación del espacio público por parte de las cafeterías, restaurantes, bares, etc., algo que preocupa a muchos activistas por el derecho a la ciudad. Pero puede que este momento anime a los activistas que exigen un mejor acceso a los espacios en las ciudades. En Londres, donde yo vivo hay un gran movimiento que pide el derecho a caminar por los campos de golf (hay 131 en el condado de Gran Londres) y a usar los patios de juego (que normalmente son privados) de los colegios de la ciudad. Seguro que nunca ha habido mejor momento para hacer que el acceso público a terrenos privados se vuelva una cuestión de moral.

Después de la desturistificación 

La mejor opción de vuelo de la aerolínea Skyscanner desde Londres a Sevilla para el 10 de mayo implica un viaje de 18 horas con una parada en Tenerife. La vuelta lleva todavía más tiempo ya que hace tres paradas en Barcelona, Gdansk y Varsovia. Este proyecto de archivo fotográfico está intentando hacer un registro del vacío en los espacios públicos en los principales destinos de turismo urbano de Europa. 

Se ha frenado el poder de Airbnb y otras tecnologías digitales para transformar barrios enteros en alojamientos turísticos. Pero esto también destruirá las ciudades del sur de Europa, las cuales basaron su economía del turismo después de la crisis financiera de 2008. El acto reflejo de las administraciones de la ciudad ha sido preguntarse cómo hacer que los turistas sigan viniendo: el gobierno municipal de Sevilla ha aprobado recientemente un presupuesto de 2 millones de euros para rediseñar la marca turística de la ciudad. La revista Fast Company ha publicado este artículo sobre el interés de las ciudades en desarrollar un turismo de realidad virtual.

Pero quizá de la misma forma en la que los países que intentan asegurar material de protección personal y la fabricación de ventiladores se cuestionan la vulnerabilidad de sus cadenas de producción, a lo mejor ahora las autoridades municipales que optaban por el turismo, dejando de lado otros caminos, se cuestionarán la sensatez de su estrategia. Puede que no sea la coyuntura que los ayuntamientos querían, pero las autoridades municipales tendrán ahora una oportunidad para cambiar de rumbo.

¡Mediactivismo ahora!

Uno de los aspectos más notables de los últimos dos meses es la manera en la que se ha reorganizado la forma en la que recibimos la información de los gobiernos. Es extraño despertarse de un mundo donde los políticos han ignorado los antiguos medios de comunicación y han proyectado su propia versión de la verdad, en uno donde la evidencia científica rige nuestras vidas y se nos presenta en conferencias de prensa y difundida a través de agencias de noticias de confianza que verifican cada hecho. Sin embargo, en estos tiempos de confusión, sobre todo mientras el confinamiento sea más relajado, será más difícil distinguir entre lo que colectivamente se entenderá como un requisito necesario y lo que se entenderá como una decisión política. Una vuelta a los políticos que forman cámaras de eco con aquellos que los apoyan junto con la nueva toma de decisiones políticas a vida o muerte podrían dar lugar a algo bastante catastrófico.

Y por supuesto, las secuelas del covid-19 podrían encarecer la vivienda. Los fondos de capital privado acaparan las propiedades más baratas mientras trabajan con los gobiernos municipales, los cuales ya están dispuestos a aprovecharse del confinamiento para llevar a cabo proyectos de construcción polémicos. Especialmente si los precios de alquiler continúan regulándose de forma pésima y el salario de las personas en esta economía precaria disminuye cada vez más.

Aunque todavía no podemos saber lo que ocurrirá en un futuro con las ciudades, no cabe duda de que será en ellas donde los intercambios políticos involucrados con la construcción de una nueva normalidad urbana serán más visibles. Necesitaremos activistas por el derecho a la ciudad, con un enfoque imaginativo de la creación de contenido, para que los visibilicen. 


Artículo escrito por Charlie Tims, investigador cultural y gestor del conocimiento de MediActivism.

Fotografía: José Luis Tirado. Contacta con él a través de su página web para cualquier asunto relacionado con las fotografías.

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